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Pedro Meca. “De joven soñé en cambiar el mundo y sigo trabajando en ese sueño”

Pedro Meca

“De joven soñé en cambiar el mundo y sigo trabajando en ese sueño”

Andrea Gurbindo 

Su voz no deja el eco al final de la barba blanca que le caracteriza. Y no lo hace ahí porque ya ha conquistado una gran ciudad, París. Hace 30 años que Pedro Meca, padre dominico y Trabajador Social de profesión, se esfuerza por prestar atención a los más apurados de las calles parisinas. Hasta Pamplona, donde nació el 2 de octubre de 1935, le trajo la semana pasada una fugaz visita en la que recibió el Premio Periodistas de Navarra, otorgado por la Asociación de Periodistas de la Comunidad foral. Él mismo fue quien quiso, entonces, acercarse a conocer la labor de la Fundación Gizakia-Herritar. Su buen humor e imprevisible manera de ser nos permitieron entrevistarle. Así es como Pedro Meca disfruta de la vida.

 

¿Cómo es tu día a día, Pedro?
Trato de guardar la mañana para trabajar un poco. El estar con la gente te exige mucho. Yo me hago muchas preguntas y trato de abrir caminos. También le doy mucho al correo porque no hay día que no tenga 60 mails. A la hora de comer ya estoy por ahí con la gente y a partir de ahí, hasta la hora que se haga... No tengo un programa, todo depende de días.

Siempre has trabajado más intensamente en la calle dentro de un horario nocturno. ¿Qué tiene para ti la noche que no tenga el día, además de oscuridad?
Yo creo que en la noche es cuando más claro se ve todo. Te ayuda a ver de cerca. De día, la luz... En una casa, de día, la luz no te deja ver nada. De noche lo ves todo. Estamos más cerca, cerca de la gente. Todo es más próximo y hay más confianza. Puedes ligar. Mi trabajo es ligar, establecer relación con la gente. Es más fácil establecer conversación. La noche allana diferencias. Para mí la noche es el carnaval del día.Y en todas las culturas, la noche tiene cosas muy particulares. Es algo diferente porque es una ruptura con lo cotidiano. Cuando se dice: “Esta noche salimos”, yo pregunto: “¿Pero de dónde, de dónde salís?” Y contestan: “De casa”. Pero de casa salimos todos los días, todas las mañanas... Sin embargo, hay otros que salen pero no entran porque no tienen donde entrar.

Después de recorrer 30 años la calle y de palpar lo que en ella se vive, ¿crees que las necesidades han cambiado?
¿Cuáles son las necesidades de la calle? Para mí hoy día no ha cambiado nada. Al contrario, se ha agravado el aislamiento de la gente. Basta con tener un piso para estar con gente. Cada día las relaciones son más raras y más difíciles. Por la noche el cuerpo te habla, es el lenguaje corporal.

¿Qué es para ti una necesidad?
Todo. Pero las cosas para nada. ¿Una cama? No forzosamente. Yo puedo dormir perfectamente en el suelo. Hay necesidades materiales que es lo que se llaman necesidades primarias: comer, dormir... Pero más vale dormir en el suelo y en buena compañía que en cama. Para mí lo que es una necesidad de siempre es tener un sitio donde retirarte. Un sitio para tu intimidad, donde tú puedas estar como te dé la gana. Un sitio donde te encuentres a ti mismo y donde tu puedas invitar. Pero no para dormir, sino para poder recibir. Una de las cosas más terribles es que no tengas un sitio donde acoger a la gente. Las necesidades son todas esas cosas y el aislamiento cada día es más agudo y la necesidad de estar en relación cada día es más fuerte. Tanto de día como de noche. Dentro de las necesidades materiales está el relacionarse.

Habrá que tener ciertas dotes de líder para llegar a la calle, hablar con la gente y transmitirles lo que piensas y tu forma de ver las cosas.
Sí, tengo todas (risas). No, no sé si hay que tener eso, pero no me considero líder. Lo que sí creo es que soy alguien que piensa y reflexiona. Yo creo que todos tenemos capacidades que desconocemos. Tenemos la ocasión de dar. El trabajo en París de noche lo empecé yo, pero no significa que yo sea un líder. Empecé porque alguien tiene que empezar.

Me refiero ser líder a la hora de educar.
Educar sí. Antes has dicho que voy y hablo, pero yo a veces voy y no hablo. No decir nada y escuchar es, a veces, hablar de todo. Yo voy a plantear cuestiones. Hago más preguntas que plantear respuestas. Hay que luchar contra el prejuicio y el prejuicio ocurre antes de juzgar. Antes de juzgar pensamos que todos los pobres son malos, son sucios. Y todos los ricos son unos hijos de puta. No es cierto. Somos iguales. El primer criterio en el que hay que basarse es en pasarlo bien, en pasar buenos momentos. A partir de ahí, podemos considerarnos iguales. Si sólo vas para hacer moral... Todo es conseguir estar a la misma altura y a partir de ahí ver cómo podemos avanzar juntos.

¿Qué te ha enseñado a ti la calle?
Todo sobre la vida. Que ningún hombre es inútil y hacemos a mucha gente inútil. He aprendido sobre todo que hay cantidad de riquezas humanas que se desperdician y se tiran y no tenemos derecho porque todo el mundo tiene la posibilidad de aportar algo.

Y qué tenemos que hacer para aportar ese algo.
Conocernos. Frecuentar la calle y estar con ellos. Y lo más próximo posible. Hacernos la pregunta de qué puedo hacer yo. Pero no hacernos esa pregunta estando solos. Alguien tiene que planteársela contigo: qué podemos hacer. En cuanto estamos dos, somos muchos más que dos. Si no haces eso, nos encerramos en el subconsciente. ¿Quién cambia el mundo? Nadie. Pero si nos ponemos juntos, vamos a encontrar cosas que se pueden hacer y que nadie había pensado.

Todo esto se centra en dos conceptos de los que hablas mucho: dar y recibir.
Se basan en la ingeniosidad y la creatividad que se necesita para vivir en la calle. A nosotros nos cae la lotería de ir a la calle y en un par de semanas estamos deshechos. Pero a la tercera o cuarta, empiezas a apañarte. La calle te da muchas capacidades. Una de las cosas que pregunto a la gente es: qué haces en tu vida, entre comida y comida, entre levantarte e ir a trabajar.

¿Hay gente que quiere vivir en la calle, Pedro?
No. Ojo. Hay gente que te dice que prefiere la calle a un albergue. Hay gente que dice que prefiere esa vida, pero en realidad intentan transmitir la idea de que son dignos de que nadie le imponga ese tipo de vida. Habría que ver. Pregúntale a cualquier cornudo o cornuda a ver si lo han elegido. Para justificar una cosa que no tiene justificación hay quien se inventa que lo prefiere. Por defender su dignidad. Y lo jodido es que los medios de comunicación, siempre que se hace un reportaje de gente en la calle, hablan de personas que dicen preferir esto. Y la gente retiene eso porque resalta. Con eso se crea una autodefensa. Porque da miedo y porque hay egoísmo. Porque, ¿quién está dispuesto a jugársela? Eso justifica que yo no haga lo que me parece que podría y debería hacer. Encuentras justificaciones a tu egoísmo.

En relación a lo que decías antes, no sé hasta qué punto culpas a los medios de comunicación y a la información que se traslada a la prensa de los prejuicios que se crean socialmente.
Es cierto que los medios buscan más la sensación que la verdad. Y ser el primero en decirlo. Y de un detalle de nada te hacen un tinglado. Se cogen siempre personajes más que personas y es difícil inventar algo que interese con la banalidad de cada día. Lo bueno y lo normal no es noticia. Sino lo que salga de lo normal y llame la atención. Ahí creo que debemos de pensar sobre qué informamos, para qué y en qué página. Suelo decir que hay muy pocos periodistas de convicción. Y la pueden tener, pero si la dirección del medio no se presta, no eres tú lo que va a salir publicado. Porque habrá cosas que te acallen. Estará tu firma, pero no eres tú.

¿Qué es, Pedro, lo más bonito que te han dicho?
(Piensa) Mira, cuando yo cogí la jubilación de trabajador social de La Moquette, el centro que regenté en París para acoger a gente de la calle en horario nocturno, Federique, el que cogió la dirección detrás de mí, me dijo que estaría bien que diese una charla final. Dije que bien. Me acordé de Paco Ibáñez, que somos muy amigos, y una canción que dice 'me queda la palabra'. Pensé que dejaba de ser trabajador social y me quedaba eso, la palabra. Y me di cuenta que desde joven hacía decidido que esa fuese mi arma. Entonces, Federique le dijo a una persona que yo iba a ir a dar una charla porque me iba de La Moquette. Y el otro dijo: “Qué va, vosotros sí os iréis un día como hay otros que se han ido. Pedro no. Pedro es de los nuestros”. Lo más bonito que me han podido decir es que soy uno más, que te reconozcan como uno de ellos.

Intenta definirte en tres palabras.
Yo y mis circunstancias. Creo que es muy importante esta idea de Ortega y Gasset. Estamos hechos por todo. Todo es ocasión de crecer. De levantarte o caer al suelo. Yo soy fruto de las relaciones entre la gente.

Tú que eres más: de soñar o de vivir en la tierra.
Yo creo que hay que soñar. Pero para que luego te despiertes y realicen tus sueños. Si no, de qué vas a vivir. Yo de joven soñé en cambiar el mundo. Sigo trabajando en ese sueño. Ese sueño forma parte de ti siempre y cuando duermas bien. Digo esto porque la gente en la calle no duerme bien. Duerme con un ojo abierto. Yo, sin embargo, siempre duermo con los dos ojos cerrados.

Sueles hablar, recordando a Aristóteles, que una pasión sólo puede ser dominada por otra. ¿Cuál es la tuya?
Mi pasión es que estoy enamorado del mundo y de la gente. Mi pasión es la fraternidad, que la gente se quiera. Que haya un poco más de ternura. Yo me alimento para seguir. El que no hace nada, no le queda tiempo para hacer algo porque no hacer nada ocupa todo su tiempo. El que hace muchas cosas encuentra tiempo para hacer más. Entre dos cosas siempre hay cinco minutos para hacer más. Yo trato de desarrollar mi pasión y me gustaría que la gente se apasione por algo, porque todos funcionamos por pasiones.

Seguridad en tus argumentos, en tus afirmaciones, preciso en lo que crees. ¿La gente se sorprende de encontrar personas como tú?
No sé si les sorprende, pero les agrada. Para mí es importante ser libre y decir lo que pienso. Sorprende en todos los sitios hombres y personas libres. Estamos todos muy atados, pero hay aspectos de liberación.

Hoy que has conocido la labor del París 365, ¿qué te parece?
Gente de buena voluntad encuentras en todos los sitios. Lo que hay que hacer es unir la buena voluntad para que sea gente de voluntad. Cuando la gente se solidariza con gente débil para mí es un punto importantísimo. Pero me parece bien a condición de que dure poco. Que desaparezca, que no haya necesidad de hacer esta labor. Eso es lo que hay que construir.